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Creepypasta - La niña del pasillo

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Creepypasta - La niña del pasillo

Mensaje por Matt el Lun Feb 24, 2014 6:34 pm

Fuentes: http://www.taringa.net/posts/paranormal/14291412/Creepypasta---La-nina-del-pasillo.html también http://www.pasarmiedo.com/leer-relato.php?id=2018 y http://www.youtube.com/watch?v=KLbwet8fVzo&feature=youtu.be



“Gran Plaza Hotel”, era lo que decía en la parte superior de la fachada del lujoso inmueble, a la entrada José sostenía su maleta en la mano derecha.
“Vaya que mis jefes se lucieron” pensó. Por su trabajo como conferencista se veía obligado a viajar a cada rincón del continente, ahora se encontraba en Houston, Texas. Sus jefes pagaban sus viajes, hospedajes y comidas a donde fuera a dar su conferencia, y esta vez lo habían mandado a lo que a su ver, era el mejor hotel que había visto en los últimos meses.
Respiró profundo y entró al lobby del hotel.
Buenas Tarde señor saludó el recepcionista con una sonrisa patética y claramente fingida y una cortesía que Harry Houdini habría sido él el que caería en la ilusión. ¿Tiene reservación?
“No solo vengo a ver si puedo quitarte tu trabajo bailando desnudo sobre el mostrador” pensó molesto José.
Si, reservación para el señor José Castillo respondió tratando de devolver la falsa sonrisa al empleado. Éste tecleo en su computadora unos momentos y esperó. –Ah si por fin respondió –Aquí está. Permítame un segundo y se metió en la parte trasera de la recepción. José esperó totalmente molesto, odiaba que le hicieran esperar tanto, solo quería subir y descansar un poco, pues la conferencia sería a las 7 de la mañana.
¿Señor? Firme aquí por favor dijo el empleado extendiéndole un papel con el sello del hotel. José lo hizo y el recepcionista le facilitó la llave de su habitación, el control remoto y unas tarjetas para canjearlas por toallas de alberca.
Botones llamo el recepcionista a un joven parado en la puerta del hotel.
Disfrute su estancia con nosotros, señor Gracias Contesto José arrebatándole la llave y el control.
Subió las escaleras con lentitud, el botones caminaba tras el con su equipaje. Buscó la habitación 324; estaba ubicada en el tercer piso con vista a la alberca.
¿Todo bien señor? preguntó el botones al entrar en el cuarto y dejar la maleta en el suelo.
Si, lárgate de aquí contesto José arrojándole un billete en la mano y empujándolo fuera cerrando la puerta tras de sí.
Estúpidos latosos se dijo para él mismo.
Recorrió la habitación, prendió la televisión y se quitó los zapatos. “Esto sí que es vida” pensó al tiempo que se recostaba en la cama. Poco a poco se quedó dormido.
Debían ser más de las 12 cuando unos leves toquidos sonaron en su puerta, al principio le pareció que venían de algún sueño y no les dio importancia, pero cada vez se hicieron más insistentes que lo sacaron de su sopor. “¿Quién diablos puede venir a estar molestando a estas horas?” pensó muy molesto.
Se levantó de la cama y se asomó por la mirilla… no había nada. “Malditos bromistas, ya me las pagarán”. Se dispuso a regresar a la cama, cuando los toquidos volvieron a sonar en su puerta, giró sobre sus talones, caminó a la puerta, quitó el seguro con cuidado y la abrió de golpe. En el umbral estaba una niña con un pijama rosa de Hello Kitty y un osito de peluche en la mano. Tenía el cabello castaño lacio que le llegaba a la espalda. Andaba descalza y sus ojos enrojecidos e hinchados delataban que había estado llorando largo tiempo.
¿Has visto a mi papi? preguntó la niña con voz llorosa.
José se le quedó viendo extrañado, sacó la cabeza por la puerta para ver si no había nadie cerca, ni un alma. La volvió a mirar, tendría por lo menos 5 años, y era raro que una niña de esa edad anduviera sola merodeando por el inmenso hotel.
¿Has visto a mi papi? volvió a preguntar la niña.
No, se quien sea respondió.
La niña lo miró directo a los ojos, esa mirada infantil hizo que un escalofrío recorriera su espalda. Ella dio media vuelta y se alejó por el pasillo y se perdió de la vista de José al dar la vuelta en el recodo del pasillo.
Aun sorprendido, cerró la puerta lentamente, puso el seguro y se metió en la cama. “Que niña tan rara” pensó “¿Qué hará sola a estas horas por el hotel? ¿Dónde está su madre?”. Sin darle más importancia al asunto se quedó dormido…
La conferencia lo había dejado agotado, había durado más de 3 horas y todavía se tuvo que fumar la maldita comida con los aristócratas de la región, maldita bola de idiotas, como los detestaba. Tener que escuchar conversaciones de señoras ricachonas y mochas le provocaba nauseas. Esas monas de doble moral que intentan cubrir con Channell las huellas de sus adulterios. Patéticas, mil y un veces patéticas.
Llegó al hotel cuando ya estaba oscureciendo, subió a su cuarto ignorando los comentarios “amables” del recepcionista, se puso algo más cómodo y bajó a cenar. La variedad del buffet era al menos muy amplia y muy deliciosa para su gusto; se sirvió carne de puerco con papas, junto con un enorme vaso con CocaCola con hielo. Comía muy a gusto, sin importarle que la gente le viera raro por comer con gran apetito.
Te digo que la vi sonó una voz a sus espaldas.
Mentira, solo es un pretexto para no hacer tu trabajo respondió otra.
Lo juro, estaba ahí. Esa niña con su osito de peluche. Te juro que si la vuelvo a ver renuncio
Vaya marica. Está bien, te cambiaré de piso, pero te prohíbo que hables con los demás sobre esto
José volteo para ver quiénes eran los que discutían, se encontró con un encargado de limpieza y el gerente. “¿Niña con peluche? ¿Será la que yo vi?” pensó inquieto. Sacudió su cabeza para alejar esa tonta idea y mejor de dispuso a comer las deliciosa cena que había en su plato.
Cuando terminó subió a su habitación a descansar, al día siguiente se dispondría a haraganear un rato en la alberca y pasarla bien. Entró al cuarto, arrojó su saco a la silla del tocador y los zapatos salieron volando en cualquier dirección. Encendió la televisión y subió el volumen para poder oír las noticias de la noche mientras tomaba una ducha.
El vapor del agua lo envolvió mientras el agua caliente reparaba el cansancio que sentía por la carga del día, se relajó en la tina y se quedó profundamente dormido. Unos leves toquidos en la puerta lo sacaron de su sueño, pero no era la puerta de entrada… era la puerta del baño. “¿Estaré soñando?” pensó alarmado. Esta vez estaba seguro de que no se trataba de un sueño. Los toquidos siguieron cada vez más insistentes, tomó una toalla y salió de la tina. Pegó su oreja en la puerta y escuchó atentamente.
¿Señor Castillo? Su botella de vino Sonó una voz del otro lado de la puerta.
José abrió la puerta furioso, el botones estaba del otro lado con un carrito con una botella de vino tinto, una copa y un recipiente con hielos.
¡¡¡Maldito bruto!!! ¿Es que quieres matarme de un susto? le gritó José mientras se recargaba en el marco de la puerta.
Lo siento señor. Pero es que nadie abrió la puerta de afuera y pensé en dejársela en el cuarto. Pero se me hizo de mal gusto no avisar que yo estaba aquí contestó el botones nervioso.
Que considerado. La próxima vez has lo que tengas que hacer y esfúmate Dijo furioso José.
Si señor contestó el botones saliendo a toda prisa de la habitación.
“Pero el bruto en realidad soy yo” se dijo José, había olvidado que pidió una botella de vino en recepción. “Tal vez con una copa se me baje el susto y el coraje” pensó al tiempo que tomaba la copa y le ponía hielos. Se sirvió el vino y bebió, se paseó por la habitación y salió al balcón, admiró el hotel y lo grande que era la alberca, su atención se centró en una rubia que estaba recostada en un camastro. “Hasta voy a ligar aquí” se dijo pícaro.
Unos leves toquidos se dejaron oír en la puerta de entrada, José entró muy molesto, se encaminó a la puerta.
¿Qué no te dije que te esfumaras? dijo mientras ponía una mano en la perilla de la puerta.
¿Has visto a mi papi? preguntó una voz infantil del otro lado de la puerta.
José se quedó pasmado, se alejó de la puerta sin atreverse a siquiera volverla a tocar de nuevo.
¿Has visto a mi papi? volvió a preguntar la voz que se quebró con un aire macabro.
¡¡NO!! ¡¡VETE!!! Gritó José.
No se escuchó nada más, por un breve periodo de tiempo no se atrevió a moverse de su lugar. “¿Se habrá ido?” se preguntó. Poco a poco se acercó a la puerta y se asomó por la mirilla, no había nada. Quitó el seguro y lentamente giró la perilla y abrió la puerta. En el pasillo no había nada, salvo unas personas que ya se habían alejado por el pasillo. Miró de un lado a otro, no había nadie. “Apenas la primera copa y ya estoy borracho” se recriminó. Volvió a entrar en su habitación y cerró la puerta. Puso el seguro y caminó al centro de la habitación.
¿Has visto a mi papi? La voz que sonó dentro de la habitación hizo que José soltara la copa y se estrellara en el piso regando los vidrios y el vino por toda el área. Lentamente, muy lentamente giró. Dentro de su habitación estaba la niña con su osito de peluche en la mano y su mirada llorosa lo paralizó de miedo.
La niña caminó lentamente hacia él. ¡¡Aléjate!! gritó José mientras le arrojaba la botella de vino y el recipiente con hielos. L a niña ni siquiera se inmuto ante las agresiones y siguió caminando hacía José.
Papi, susurro la niña mientras extendía sus brazos hacía José.
¡No! Yo no soy tu padre Manoteaba con desesperación.
Papi, repitió la niña caminando lentamente hacia José.
José se levantó con el pánico dibujado en el rostro, caminó hacia atrás, los vidrios de la copa se le encajaron en los pies, pero el miedo le impedía sentir algún dolor. La sangre se dibujaba en el piso y creaba imágenes de ultratumba.
Papi ¿Por qué me ahogaste en la tina? le preguntó la niña con voz llorosa. –Yo te quería mucho papi. Ya me voy a portar bien
¡NO SOY TU **** PADRE! Vociferó José perdiendo el control. La niña lo abrazo con sus manitas frías de muerta, sintió el aire de la muerte recorrer su cuerpo, la sangre de sus pies le hizo resbalar y caer por el balcón de su habitación.
Los peritos de la policía ponían una cuerda para asegurar la zona donde había caído el cuerpo de José. Arriba en su habitación un detective incrédulo le hacía la misma pregunta por enésima vez al botones.
Entonces usted salió de la habitación cuando le entrego la botella de vino
Sí, señor. Ya le dije muchas veces que si contestó el joven sumamente nervioso.
¿Y no lo notó raro?
Más bien furioso señor. Se enojó por que entré a la habitación a dejar la botella
Bien. Creo que será suficiente, puede retirarse dijo el detective dándose la vuelta.
El botones de levantó de la silla y salió con paso apurado de la habitación.
Solo un borracho que se cayó del balcón se dijo el detective mientras encendía un cigarrillo. –Encárguense del cuerpo, tomen las pruebas necesarias y vámonos de aquí les ordenó a sus subordinados.
Si señor contestaron los peritos.
Al salir de la habitación sintió un frío extraño en la nuca, el detective volteó para todos lados pero no vio nada raro salvo los flashes que salían de la habitación donde se levantaban las evidencias para el papeleo correspondiente al caso.
“joo, malditas muertes. Me hacen ver y sentir cosas”
Terminó de bajar las escaleras, pasó junto a la recepción que lucía totalmente vacía sin el encargado. Salió del hotel y subió a su auto. Arrancó el motor y se alejó del hotel.
Sintió tentación de mirar por el espejo retrovisor y dar una última ojeada a la fachada del hotel: Parado en el vestíbulo estaba un José pálido y cadavérico, lo observaba muy fijo, llevaba un osito de peluche en la mano izquierda y a su lado derecho, de la mano, estaba una niña de cabello castaño que con la mano que tenía libre le decía adiós mientras se perdía en la distancia.

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Re: Creepypasta - La niña del pasillo

Mensaje por Szastak el Lun Feb 24, 2014 8:18 pm

Hehe ... buena historia , esta me pareio interesante

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Hola Invitado Soy Szastak Uno de los Admin del foro , si nececitas algo enviame un MP ;)


La verdad es que no hay una verdad.
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Re: Creepypasta - La niña del pasillo

Mensaje por Rockemc el Sáb Mar 01, 2014 12:20 am

Me pregunto porque Coñ* leo todo eso de noche, en fin buen Creepy, hace rato que uno no me asustaba. Gracias por el aporte.

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Re: Creepypasta - La niña del pasillo

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